La Pena Máxima | Leer DC

*De nuestra gustada sección: LEER DC. Nuestras RESEÑAS de la Biblioteca Pública*

En el contexto importantísimo al fin de la dictadura militar en el Perú y la apertura a la democracia, pero también del mundial del fútbol del 78 y la operación Cóndor que se lleva a cabo en varios países del Cono Sur, “Pena Máxima” es un texto  donde el suspenso gravita de principio a fin.

En esta novela de Santiago Roncagliolo, el personaje no es un investigador privado, un agente de inteligencia, o un policía, sino apenas un simple burócrata menor, pero tiene más ética que todos los otros juntos; dado que cree que la justicia existe, que las instituciones cumplen con su trabajo y que los ideales de la patria aún se respetan. Es precisamente esta ingenuidad lo que lo salva como un ángel escogido de la verdad, no sólo de las balas, las intrigas, la mala leche, la traición, la persecución y la muerte.

Con un muy buen intercalado entre los relatores de la televisión y la trama que se desarrolla, “Pena Máxima” es una novela de muy buena factura qué combina el humor negro, los localismos del Perú y las ideas entre las nuevas generaciones y las otras que se quedan. La madre de Chacaltana, el personaje principal, es una mujer católica apegada a la iglesia, la moral y la idea del pecado, mismos que su hijo no respeta mucho, o pretende zafarse de ellos, pues sabe, o al menos intuye, no le ayudarán en la vida y mucho menos en su propósito de enamorar a la linda chica de sus sueños y bonito nombre. Cecilia por supuesto no es la buena señorita que asiste a misa todos los días y no sale de la cocina, sino una chica con otra mentalidad y otros valores, mismos que chocan con las ideas de la madre.

Todo inicia con la muerte de su mejor amigo, que a la vez es un maestro universitario, que a la vez es un subversivo, que a la vez es un espía, pero que a la vez es un héroe y también el amante del jefe de la policía secreta e hijo de un viejo anarquista español de armas tomar.

El amigo del personaje principal es un hombre que esconde subversivos, rojos cómo se les conocía en aquella época, comunistas malos que fueron asesinados por los estados de los países involucrados en la ominosa operación Cóndor, o en otras palabras, la guerra sucia contra los críticos de los dictadores que por aquella época gobernaban el cono sur de América Latina.

Es así como los tres niveles de la novela; el romántico, donde el personaje principal intenta seducir a esta chica guapetona un poco medio liberal y poco católica, o que al menos no asistente todos los días a misa; el de la intriga política y el otro más que es el del mundial de fútbol, donde el Perú está paralizado frente a los televisores porque el equipo ha llegado a los cuartos de final, se mezclan magistralmente.

“Al cruzar la avenida Arequipa se encontró con una manifestación política…Los que estaban furiosos eran los conductores, que tenían prisa por volver a casa y ver el partido.

-¡Yo no quiero democracia carajo!- gritó uno desde un Volkswagen escarabajo- ¡Yo quiero ver el mundial!”.

Como en el juego, la tensión entre los jugadores que patean la pelota para intentar meter gol, el personaje principal que se debate entre una madre católica y el amor de esta chica que le sonríe al verle, el amigo que esconde rojos, la mujer del jefe de seguridad que es una hermosa mujer rubia -y lo que eso implica en un país latinoamericano donde racismo impera- y su relación con el jefe de inteligencia que es un tipo no tan malo a final de cuentas -pero al fin y al cabo un agente del gobierno militar y todo lo que eso implica- todo están muy bien combinados, justamente como en un buen partido de fútbol, a veces pateando la pelota, en otras esquivando adversarios y sólo pocas veces yendo hacia la zona de gol.

El título de libro bastante sugerente por cierto, puede significar algo no solamente en el fútbol y en la política, sino también en la vida, dado que la pena máxima puede ser la cárcel, puede ser el encierro injusto por las ideas que se expresan, puede ser la inmoralidad escondida, o puede ser el amor que no sabe cómo expresarse, pues el personaje es un novato en esa área.

Un libro bastante recomendable y una muy buena expresión de este autor que ha sorprendido a la crítica con sus novelas donde los diferentes niveles de lectura se mezclan para no aburrirnos en ningún momento.

La Pena Máxima,  Santiago Roncagliolo. Ed. Alfaguara 2014.

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